Las vírgenes suicidas de Jeffrey Eugenides.

En menos de un año y medio, cinco hermanas adolescentes hijas de una católica ferviente que no las dejaba salir con chicos, se suicidaron. Veinte años después, varios hombres que fueron sus vecinos intentan desentrañar el enigma de esas muertes relacionadas con los misterios de la feminidad y el deseo. Una espléndida primera novela que ha sido llevada al cine con gran éxito por Sophia Coppola.


Jeffrey Eugenides (Detroit, 1960) estudió en las universidades de Brown y Stanford. Es autor de tres aclamadas novelas, todas ellas publicadas por Anagrama: Las vírgenes suicidas, llevada al cine por Sofia Coppola: «Extraordinaria novela, las hermanas Lisbon son a la literatura de los noventa lo que el Holden Caulfield de El guardián entre el centeno fue a la de los cincuenta» (Sergi Sánchez, El Mundo); Middlesex, que obtuvo el Pulitzer 2003 y fue considerada una de las mejores novelas de las últimas décadas y La trama nupcial. (Eduardo Lago, El País).


«La comunicación a traves de la música es una de las ideas de las que hablamos, en la sesión del Club de Lectura, dedicada a la novela Las vírgenes suicidas de Jeffrey Eugenides, porque, en efecto, en el desarrollo de la misma, se establece un original intercambio musical, a través del teléfono, entre los jóvenes narradores y las hermanas Lisbon, que han sido encerradas en casa por su propia madre. Desde la primera canción que ponen ellos y que habla de días difíciles, de largas noches y de un hombre aguardando fuera de una cabina telefónica, a la que ellas responden con otra de Gilbert O’Sullivan, que describe las desventuras de la vida de un joven cada vez más solo.

Las canciones de las chicas son en su mayor parte de música pop, voces plañideras que piden justicia e igualdad; pero las de los chicos también se vuelven tristes y sensibleras.

Concluye el intercambio con “Puente sobre aguas turbulentas”, donde ellos se ofrecen para ayudar a las hermanas, y estas responden, dándoles a entender la decisión que han tomado.» (Matías Regodón. Blog del Club de Lectura «Rinconete y Cortadillo«)

Escuchar la lista anotada por Demo Karafilis con las canciones, intérpretes y letras del diálogo musical establecido en el libro entre las hermanas Lisbon y los muchachos.

“Hemos olvidado el nombre de muchas de las canciones, pero una parte de aquel intercambio musical ha sobrevivido en el dorso del Tea for the Tillerman de Demo Karafilis, anotada a lápiz por él mismo. La damos a continuación:


Las hermanas Lisbon «Otra vez solo, naturalmente», Gilbert O’Sullivan.
Nosotros «Tienes un amigo», James Taylor.
Las hermanas Lisbon «¿Dónde juegan los niños?», Cat Stevens.
Nosotros «Querida Prudence», The Beatles.
Las hermanas Lisbon «Una candela al viento», Elton John.
Nosotros «Caballos salvajes», The Rolling Stones.
Las hermanas Lisbon «A los diecisiete», Janice Lan.
Nosotros «El tiempo en una botella», Jim Croce.
Nosotros «Tan lejos», Carole King”.

Portada y contraportada del álbum «Tea for the Tillerman» de Cat Stevens

“Se trataba de voces plañideras que pedían justicia e igualdad. Algún ocasional violín country evocaba tiempos pasados. Los cantantes eran hombres de piel curtida o llevaban botas. Todas las canciones, una tras otra, palpitaban con secreto dolor. Hacíamos circular el pegajoso teléfono de oreja a oreja, los redobles de tambor eran tan regulares que parecía como si tuviésemos la oreja pegada al pecho de las hermanas Lisbon. A veces teníamos la impresión de que las oíamos cantar y era casi como estar con ellas en un concierto.

Pasaje del libro

Nuestras canciones eran en su mayor parte canciones de amor. Cada selección intentaba dirigir la conversación hacia terrenos más íntimos. Pero las hermanas Lisbon se atenían a cuestiones más impersonales. (Agachamos la cabeza e hicimos un comentario sobre su perfume. Dijeron que probablemente era de magnolia.) Poco después nuestras canciones se volvieron más tristes y sensibleras y entonces fue cuando ellas pusieron «Tan lejos». Advertimos el cambio de inmediato (habían dejado la mano en nuestra muñeca y se demoraban en ella) y continuamos con «Puente sobre aguas turbulentas». Con ésta subimos el volumen porque la canción expresaba mejor que ninguna lo que nos inspiraban las chicas, lo mucho que queríamos ayudarlas. ”

“Al terminar, esperamos su respuesta. Después de una larga pausa, volvió a rechinar su tocadiscos y entonces oímos aquella canción que incluso ahora, cuando la escuchamos a través del hilo musical de unas galerías comerciales, hace que detengamos nuestros pasos y que volvamos la vista atrás, hacia un tiempo perdido:

“¡Eh! ¿habéis intentado probar alguna vez llegar al otro lado?

Tal vez suba al arco iris,

Pero, amigo, ahí está:

Los sueños son para los que duermen,

a nosotros nos toca vivir.

Y si te preguntas adónde va a parar esta canción,

quiero descubrirlo contigo.”

“Se interrumpió la comunicación. (De pronto, las muchachas nos habían echado los brazos al cuello, nos habían hecho aquella confesión ardiente al oído y habían salido corriendo de la habitación.) Durante unos minutos permanecimos inmóviles, escuchando el zumbido de la línea telefónica, que inmediatamente después comenzó a emitir un furioso bip bip hasta que una voz grabada nos dijo que colgáramos sin más pérdida de tiempo.”

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